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Just a nap, and go back.

lunes, 28 de julio de 2014

No puedes estar todos los días abajo, no dejes estar todos los días arriba.

Para estar bien hay que apreciar estar mal de vez en cuando, volver a nivelar y calibrar la balanza, y toda esa mierda.

Pero por supuesto siempre es más fácil pasar de abajo arriba que al revés, ya que, aunque se aprenda menos, se está mejor.

No todo es ser o estar.

A veces es simplemente fluir y ver de qué va la cosa, y ser capaz de decidir irse a dormir si la situación lo requiere y si el ánimo no acompaña, que también a veces es el caso.

¿Y ahora?

Creo que no tardaré en irme a dormir, por hoy.

I give you my present.

domingo, 20 de julio de 2014

Y te descubres en canciones, en libros, en situaciones de gente que no conoces, en susurros, en secretos, habladurías, conversaciones y rumores.

Y te pierdes, en nubes y volutas de humo, y espacio, y silencio, y una canción que suena interminablemente en tu cabeza, y en conversaciones con tus propios razonamientos, y un flexo que parpadea, y unos ojos que miran, y son los tuyos, y no los reconoces, dónde estás.

Y te dejas llevar, hacia ningún lugar, dejas que el tiempo pase, sin importar lo que signifique ni adónde vaya, puesto que este se pierde, se va, nunca volverá.

Y es que sólo tenemos lo que nuestras manos alberguen en este preciso instante, yo ahora escribiendo, tú ahora leyendo esto en cualquier otro momento, porque esto es el presente para mí ahora y este será tu presente, futuro para mi ahora, cuando tú leas esto.

Y es que tenemos el presente y no tenemos nada más, se dice.

Once again, with feeling.

martes, 15 de julio de 2014

Decididamente, esta ha sido la temporada más larga que he pasado sin escribir en el blog.

Han pasado casi 5 meses desde la última entrada, he cumplido 26 años, he viajado a China, sigo viviendo solo, tengo 3 ratas.

No es que no haya tenido tiempo para escribir (todo lo contrario) sino que me he dedicado a contemplar la vida, a perder las horas entre la consola y las tareas domésticas y una profesión que a días me divierta y a días me hunde (Nada nuevo bajo el sol, ya ven).

Pero me considero más maduro, más adulto y más sincero conmigo mismo. Soy consciente de algunas de mis limitaciones y estoy experimentando con las que desconozco, como ponerme a hacer deporte, y salir a correr, y portarme bien con mi cuerpo, que él también se merece un poco de consideración.

Sigo con tener amigos en el barrio, pero hoy más que nunca, soy mi mejor amigo, y me siento bien, qué ostias.

Bienvenidos a la temporada nueva temporada, y disculpen las molestias.

UNO-OCHO-DOS

lunes, 17 de febrero de 2014

Hace tiempo que me di cuenta, pero no quise pensarlo entonces, ni darle importancia, ni enfrentarme a la verdad, ni mover un pelo. Escribo mejor cuando no estoy bien, y eso es una auténtica putada, porque me encanta escribir, y no me gusta no estar bien, y esta ambivalencia me hace almenos verle algo bueno a mi ansia destructora, reconvirtiéndola en algo útil, aunque sólo sea por un rato, y sobretodo, porque me entretiene el tiempo suficiente para que se me pasen las ganas de destrozar los muebles, de atravesar la tele con el pie, de tirar el sofá por la ventana, de abrirle el cráneo a los vecinos, sólo por proximidad, no son mala gente, en serio.

A todo esto, cada vez entiendo menos mis sueños, y lo que estos intentan decirme. Sueño con gente que estuvo aquí, pero ya no está, y me despierto y pienso en mi, y pienso que la vida va pasando, para mi, para ti y para todos, y que el tiempo afecta a todo el mundo, que no hago más que forjarme a mí mismo cada puto dñia, con cada libro que leo, con cada idea que retengo en el  cránero, con cada canción, con cada trago de alcohol, con cada contestación, con cada minuto que pasa se va consumiendo mi tiempo y temo que sea en vano, y SÉ que es en vano, y sin embargo nada puedo hacer, y me descubro pequeño en este remolino de locura y sinsentidos en los que, a grandes rasgos, puedo reducir mi vida.

¿So what? Qué puedes hacer para sobrellevar todo esto, para mantener el nivel de lucha y alerta y tensión y batalla, y el filo de la espada, y la velocidad mental y personal y procedimental, con las que atacar y defenderse de una vez, qué puedes hacer sino vivir de la mejor manera que uno crea conveniente, aún a riesgo de equivocarse, SOBRETODO por el hecho de equivocarse, y perderse en el camino, y por el placer de experimentar el dolor y poder a su vez aprender, y mejorar, y doler y dolerse, y dañar y dañarse, y volver y volver y volver y volver a empezar, a intentar, a terminar, a dejar a medias, el mérito de una obra es llevarla hasta sus últimas consecuencias, o eso tengo entendido, y mis decenas de libretas por completar dan fe de que el tiempo de mi obra está por llegar, o que mi madurez mental ha de llegar para liberar mi obra, o de tal vez me muera con esta obra dentro de mí, sin liberarla, asumiendo que exista, dando por hecho que exista, si no, ¿de qué toda esta locura? ¿de qué toda esta carga, toda esta mierda de perspectiva misticista de la que hablaba Kerouac? ¿de qué toda esta batalla interna y externa y estas cicatrices mentales? ¿de qué este dolor creador que libera y a la vez condena?

Mi nivel de beligerancia verbal es mucho más alto de lo que nunca vaya a ser capaz de demostrar, porque mi narrativa se me cuela entre los dedos y se me escapa, rehúye dejar huella, se considera una sombra, visible pero intangible, que no me permite más que acariciarla, y de ahí salen entradas de blog de asco y de odio, y de sinceridad y honestidad, y de verdad para uno mismo, y de respeto para con uno mismo, y de quitarse las vendas de los ojos, echar un vistazo al paisaje, detenerse, tomar aire, compadecerse de la propia suerte y seguir caminando, que para eso se vive.

Coño ya.

Furniture madness

martes, 7 de enero de 2014

Respuestas a comentarios:

 1.- Madre de Dios, Scott, te debo una cerveza pero YA.
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He vuelto a mover los muebles del comedor.

Ahora mi piso parece exactamente lo que es: un pasillo con puertas a un lado. Imposible recrear algo parecido a un salón en ese espacio, que tanto me recuerda a la pieza larga del tetris.

El sillón de leer, ahora sin la estantería Billy de 4x4 del Ikea detrás, antes atravesada, ahora pegada a la pared, se ve movido de un lugar o otro, sin decidirme a dejarlo en ningún sitio. 10 de los 16 cajones de la billy están vacios, o con blocs de notas por empezar. Como si fuera a escribir algo de trascendencia en ellos, en una noche de insomnio, en un arrebato de furia creativa y destructora, que se lleve por delante mi apatía y libere mis impulsos y me haga gritar en un papel.

Las botellas de alcohol, obviamente, están debajo del televisor, a modo de acceso directo, para cuando más falta me haga, esto es, viendo uno de esos grandes dramas que tanto me gustan, en los que me encanta ahogar mi existencia y trivializar mis problemas pensando que siempre podría ser peor, y asi me acontento, viajando hacia ninguna parte.

Los libros están divididos entre dos estanterías, la blanca y la negra. La blanca para los libros leídos, la negra para los pendientes. En la blanca están ordenados por tamaño, editorial, autor y orden alfabético. En la negra están ordenados de acuerdo a cuando fueron entrando por la puerta, es decir, los nuevos están por encima, y me toca rebuscar entre ellos una vez o más por semana. Tan maniático con las cosas viejas, tan dejado con las cosas nuevas.

Los diarios están en la parte de debajo de la estantería blanca, encima de los cómics, llenos todos de fantasías e hipérboles, y sobre todo, de supervillanos, de ambivalencia, de indecisión, de confusión y duda, de muchas palabras que nada dicen, que imágenes que no dicen toda la verdad.

Dos retratos de seres venerables, Bill Hicks, Charles Bukowski.

Muñecos en la balda de encima de la tele, mostrando todos mis fetiches personales, recuerdos ocasionales, paranoias varias, ideas por sintetizar, obsesiones totales y botellas de alcohol vacías, mostrando orgullosas que, cuanto más las vaciaba, más me llenaba yo la cabeza de pájaros.

Películas en DVD casi tocando el techo, encima de todo, fuera de mi alcance sin subirme a algo. Ciencia Ficción, drogas, algún western, drama por todas partes, distintos sitios donde veo partes de mi mismo.

A falta de crear mi propia obra en la que, no solo me identifique, sino que me genere una imagen potente y propia con la que explorar mis propias limitaciones y neuras, me jacto de materialzar fragmentos de mis dilemas en las situaciones que me encuentro en otras partes (sobretodo esa duda, esa locura caotica en la que se basa la vida, en la que no se puede dar nada por supuesto, puesto que todo es cambiante, y efímero y perecedero, y donde, con los eones extraños, hasta la muerte puede morir, decía el visionario), en todo lo que llena el piso, imagen y semejanza del contenido de mi cabeza.

Porque algún día llegaré, y mi obra me sobrepasará, y será eterna.

Mi rata me mira, a la izquierda del sofá, mientras intento cambiar la configuración de los muebles para darme la sensación de que todas las otras cosas están cambiando, que este es el primer paso de un nuevo camino, que me llevara a una mayor comprensión de mi mismo, a la liberación de las ideas, a una Ilustración particular, o lo que sea.

Y sé que piensa que ella es más libre en su jaula de lo que yo me creo en mi cráneo, y sé que está en lo cierto, la muy hija de puta.

PD: Mientras movía los muebles y pensaba en todo esto, miraba de tanto en tanto el móvil, desde la distancia. Una luz verde, mensaje individual, luz blanca, mensaje de grupo, luz azul, actualización de algún amigo del feis. Ejerce un misterioso y poderoso conjuro en mi, me da miedo mirarlo por lo que pueda, o no, encontrar. Pero esto es otra historia.

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