Suerte asesina. Sin comentarios xD
Alea jacta est.
"Los libros que leía, la música que escuchaba me aseguraban que había otros hombres en el mundo como yo." -Henry Miller.
Suerte asesina. Sin comentarios xD
Alea jacta est.
Publicado por Frank B. Parkinson en 0:09 0 comentarios
Tenía mucho que contar cuando he llegado aquí hoy.
Ya no.
"¿Y ahora qué pasa, eh?"- Se dice en "La naranja mecánica" para presentar un nuevo capítulo de la historia.
Ya he tenido bastante.
Estoy harto, hastiado, cansado y lleno de veneno.
Lo siento, me he fallado a mí mismo, no puedo más, una vez más.
Qué mierda de año.
"El fuego que no quema" - Dani Ro.
Publicado por Frank B. Parkinson en 23:15 1 comentarios
Etiquetas: Diario
"¿Dónde coño...?"
19:03
Estoy dirección a Castelldefels, a mitad de camino, ya. Normalmente, al plegar del curro vuelvo en tren y luego engancho de nuevo el L85 hasta casa, pero venía tan obcecado pensando que me he subido en un autobús sin mirar el número.
Bajo en cualquier parada y camino. Habitúo a salir por estas calles de noche, en busca de cerveza a más o menos buen precio, y se me hace raro estar por aquí a estas horas, más aún cuando tengo que volver a coger un tren de vuelta, y un autobús, y llegar al fin al hogar.
Sólo me había pasado esto una vez, hace mucho, fue de camino al trabajo, y por falta de sueño. Esta vez ha sido por falta de sueño, de estabilidad, de concentración, de conciencia y de atención. Paseando pienso en cuántos años hacía que no venía por según qué calles de esta ciudad, pienso en la familia que estaba conmigo por estos lares, pienso en que alguno no está, y eso me inunda de tristeza.
Llegaré tarde a casa, pero otra vez, sin nada que hacer. Lo importante no es llegar sino, sino el camino en sí. (Miramos atrás y supimos que nadie volvería a vernos más)
Me ha dicho el Parko, a todo esto, que está a punto de explotar. Tengo que llamarle urgentemente y echarme una birra con él, a ver qué me cuenta.
Greetings.
"Even though" - Norah Jones
Publicado por Frank B. Parkinson en 23:05 0 comentarios
Etiquetas: Historietas, Simón
Cosas a tener en cuenta de la acampada piloto:
Madrugar un sábado, sol, gafas de sol, dolor de cabeza, mochilas, comida a raudales, termo con café, tienda de campaña sin suelo, tierra, petacas de whisky vacías, llenas, mediollenas, mediovacías, vacías, y llenas otra vez, whisky con agua, cubatas con agua, no encontrar el càmping, encontrar un segundo càmping, perder de vista el segundo càmping, dar la vuelta por media vilanova y una rotonda de Sant Pere de Ribes y volver al càmping número dos, llegar y elegir parcela, montar la tienda, montar las linternas, montar el camping-gas, hacerse un ramen y abrir el Jim Beam, rociar al gusto, comer al gusto, acabar a gusto y volver a empezar con esto, platos de arroz, galletas con sal o con chocolate, siestas de 2 horas, canciones de The Doors y música jazz por todas partes, 2 metros hasta el techo de la tienda de campaña, paseo por la tarde, noche de bingo y torneo de póker, partidas de futbolín, investigar la zona, visitar los columpios, reírnos de todo el mundo, recordar Gran Torino, visitar un montón de veces el supermercado, cenar raviolis a las 6 de la tarde, partidas de póker, contemplar con impotencia cómo se morían las dos linternas y nos dejaban a oscuras, conseguir velas y cerillas y solucionarnos una vez más la vida, más whisky, más risas, más historias, más comentarios y espacio del que quepa en este blog.
Una noche durmiendo cambiando y cambiando de lado, temor por el fuego, que me pongan una grabación que grita "Por la Horda" y que en sueños responda, madrugar un domingo, hacer raviolis y más ramen de almuerzo, no conseguir cerrar la tienda de campaña, confundirnos y mandarla a la mierda, salir del camping, pagar gasolina, poner gasolina, llegar a casa y ahí no acaba la cosa, visitar youtube y buscar cómo doblar la tienda.
Conseguirlo y escribir esto.
Luis, tío, de lujo.
Enorme, chico, enorme.
Publicado por Frank B. Parkinson en 22:27 1 comentarios
J salió de la cama a mediodía. En realidad llevaba rato despierto, pero una resaca infernal y una pereza máxima se apoderaron de él durante gran parte del día.
Fue al baño y echó una meada. De golpe le entraron arcadas, pero no tenía ganas de vomitar, sabía que si lo hacía le dolería muchísimo más la cabeza y se sentiría mucho más enfermo. Se tomó un Ibuprofeno con un poco de agua y volvió a la cama.
Intentó no pensar en lo mal que se encontraba comtemplando la habitación, maravillándose del desorden que una noche de alcohol pueden llegar a proporcionar.
En un momento dado, su vista se posó sobre dos marcos de fotos. Estaban tumbados de manera que sólo se viera el reverso, colocados uno sobre otro. No le hacía falta mirar las fotografías para recordar las imágenes que contenían, eran más bien un símbolo de abandono al contenido de dichas fotografías, su exmujer y su hijo. La razón por la que las fotografías siguieran ahí sigue siendo un misterio para J, si bien su contacto con ellos es nulo, y en los últimos años no ha pensado mucho en ellos, quizá solamente cuando su vista tropezaba con las fotografías tumbadas, testimonio éstas de que alguna vez fue alguien respetable, incluso puede que feliz.
¿Feliz? Sí, hacía mucho tiempo que J no se sentía así. Ya no le importaba, había tirado dos vidas a la basura, la suya y la de su hijo, aunque con un poco de suerte su hijo sería capaz de aprender por sí mismo todas esas cosas que enseñan los padres, como a afeitarse, a beberse la primera cerveza, a fumar, a pelearse, a encajar un puñetazo. J tampoco tuvo mucha relación con su padre, y la familia nunca fue algo que le importara demasiado. Cuando su hijo vino al mundo debió cambiar esa concepción del mundo y cesar en su lucha contra todos y todos, hubo de dejar de ponerse en el camino del paso del tiempo, AVANZAR.
Pero lo que hizo fue convertirse en lo que más odiaba: se convirtió en un reflejo de su padre.
Ahora que pensaba en ello, y aunque su hijo nunca fuera a saberlo, su hijo y él serían muy parecidos durante años, pensaba J, ambos tendrían que aprender a APRENDER por sí mismos, luchar, perder, aceptar las derrotas, salir adelante. Aunque al final sólo fuera por y para uno mismo.
Su hijo.
Llegaría a estar orgulloso de él, si algún día viera la clase de hombre que se convertiría con el tiempo. No tenía duda de ello, al fin y al cabo, era su hijo.
Alcanzó a recoger la petaca que tenía en la mesita de noche y la alzó, mirando las fotos tumbadas, desde lejos, con una mezcla de fascinación, orgullo y respeto.
Se tomó el trago y notó el fuego de la bebida en su garganta, sintió cómo su motor interno intentaba asimilar el líquido y por último se decidió a levantarse, sabiendo que tendría que vomitar el trago, el ibuprofeno y la poca agua que se había tomado para suavizar la resaca.
"Un día más es un día menos", se dijo J mientras se abrazaba a la taza del cuarto de baño, el único clavo ardiendo al que sus manos podrían aferrarse jamás.
"Sun-Earth Rock"- Sun Ra
Publicado por Frank B. Parkinson en 20:33 1 comentarios
Etiquetas: Relatos

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