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Miedo y Asco en Estambul

martes, 12 de febrero de 2013

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No sé muy bien por dónde empezar.

Partiendo de la base de que ya es Febrero y no me había dado cuenta, intento clavar en ancla en este bucle temporal (que dice Juaninacka) y frenar un poco.

Me he pasado una semana en Turquía trabajando. Bueno, media semana, en realidad, la otra media he estado de turismo y de bien comer, la verdad.

Quitando los problemas en las instalaciones que hemos ido a visitar (nada interesante, les aseguro) ha sido divertido apañárnoslas en un idioma que no es el propio ni el ajeno para hacer llegar la información de una persona a otra. Como el juego de explicar una historia a una persona y esta a otra, y esta a otra, y ver qué porción de la información real se mantiene al final. Lo que les digo, hilarancia es poco.

En el viaje me acompañaba el ingeniero con el que más he llegado a discutir en la empresa, aunque es un gran tipo, verdaderamente. En todas partes nos tomaban por padre e hijo, en el hotel, en el aeropuerto, con los técnicos turcos... Estoy tan hecho al hecho de haberme criado sin mi viejo que no sentía nada al percatarme de la impresión que dábamos. A lo que se acostumbra uno.

A parte de trabajar y de dormirme en el coche cada vez que pasaban a recogernos, hemos tenido tiempo y ganas de visitar el Gran Bazar, Santa Sofía, una cantidad ingente de mezquitas, el Mar de Mármara, el Bósforo, una ínfima porción de Asia, el palacio de Topkapi i su harén (hagan lo que hagan no alquilen audioguías) y hasta la sauna del hotel.

Qué les puedo contar, no he tenido mucho tiempo libre y menos aún de escribir. Tampoco ha pasado nada de especial mención, así que no les entretengo más.


PD1: Documento gráfico de la zona.


PD2: No se lo pierdan, mañana me voy a Londres otra vez. A otro hospital. Habráse visto...

Miedo y Asco en Londres [2.4]

martes, 25 de diciembre de 2012

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Mis últimas peripecias por Londres han sido las más intensas. Saliendo del metro de Notting Hill Gate, antes de consultar el mapa para llegar a Portobello Road, me encontré un cartel tamaño DIN A4 explicando que para llegar, tan sólo tenía que girar una vez a la derecha y otra a la izquierda. Cierto, cierto, cierto.

En el mercado, tiendas y tiendas de ropa vintage, de camisetas curiosas, imanes de nevera para parar un tren y antigüedades, en las que, sintiéndolo mucho, no podría estar menos interesado. Al final del mercado, cuando éste se amplia en una plaza para dar cobijo a más tiendas, buscando un sitio donde procurarme buen café, me encontré una pintada de BANKSY. No podía creerlo, era un Banksy original, y me lo había encontrado de pura casualidad. No había pensado en buscar por Internet dónde podría encontrar algunas cosas suyas por Londres, que seguro que hay muchas páginas donde encontrar esa información, pero el hecho de habérmelo encontrado así me satisface muchísimo más.




Desando Portobello Road y me voy en metro hasta Blackfriars para visitar la Tate Modern. Cuanto más tiempo paso aquí, menos entiendo en qué gasté mi tiempo la otra vez que vine. Total, que me fui a ver arte moderno, como si yo entendiera algo del asunto. Sí es cierto que en mi visita al Guggenheim de Bilbao me maravilló la pieza "Cañón contra esquina de Anish Kapoor", aunque no es suficiente para sentar precedente, sigo evocando el recuerdo de aquella obra de arte como algo que pude verdaderamente valorar por mí mismo, algo totalmente ajeno a mí, puesto que de arte entiendo más bien poca cosa, por mucho que me esfuerce. Volviendo al museo, me apunté una serie de nombres que quiero investigar, tales como Rothko, Ewa Partum, Pedro Cabrita Reis u Oskar Fischinger y su paranoide Raumlichtkunst. Algo que me llamó poderosamente la atención fue "Lament of the Images" de Alfredo Jaar, pero aún tengo que averiguar más sobre ello. Había también cuadros de Picasso, Miró o Dia al Azzawi, con una pieza enormísima de la masacre de Sabra y Chatila, de la que ya hablé aquí cuando comenté la película "Vals con Bashir".

Una vez fuera de la Tate, me dediqué a divagar por la City, en busca de No-sé-muy-bien-qué, y me recorrí el Covent Garden de nuevo, esta vez de día, admirando el Árbol de Navidad hecho con Barriles de Jack Daniel´s (mother of god) y seguí camino, pasando por Leicester Squeare y Chinatown, una de los sitios que más aprecié en su día. Aquí encontré un piercing que ahora uso de anillo (algo que quería hacer desde hacía mucho tiempo) y la buscadísima pulsera de pinchos, algo que antes uno podía encontrar en cualquier sitio y que ahora están más buscadas que el oro. Divagando por calles llegué a la Soho Square, una placita encantadora en la que me hubiera gustado tomarme algo si el tiempo me hubiera acompañado un poco más, y de ahí al Regent Park, el último de los grandes parques de Londres que me quedaba por visitar.

Mi último día, antes de volver a casa, lo tenía reservado para recorrerme Camden Town como se merece, y tanto es así, que madrugué mucho, y llegué antes de que hubieran abierto nada, para mi incredulidad. Café, muffin y calma. Escribí en mi libreta personal otra vez, en ese rato, y tenía a la pobre abandonadísima, tanto es así que me ha durado más de un año, y es una de esas pequeñas Moleskines que tanto me gusta usar. También tengo que tener en cuenta que apenas la he llevado encima últimamente, y ha sido todo un acierto llevarla en este viaje. Ante todo, dentro de Camden, tiendas vintage. Aquí, allí en el puto más allá. Están en todas partes, las veo por todas partes, no las entiendo y las odio a rabiar, he descubierto.  Y qué les voy a contar de Camden que no sepan, comida internacional, camisetas rarísimas, tiendas goth, tiendas vintage (bah) y manualidades.



Al salir de Camden, llegando al metro, giré una calle en un impulso por ver adónde llevaría, y me vi de nuevo en el Regent Park, de día, pudiendo disfrutar de veras de las vistas. Imposible no pensar en el Phoenix Park de Dublín.

Y aquí llegaría mi odisea en el aeropuerto de Heathrow, que no fue tal, evitándome la angustia de no poder apenas volver, por la que tuve que pasar 4 años antes en Gatwick. Por lo que el viaje a casa estuvo cargado de fajitas, lectura y sueño.

"Quiero descansar de mi exterior para conectar de mi interior": esta frase que me daría pie a tanta reflexión la he oído en "La que se avecina", válgame, pero resume bastante bien esta semana. Por primer vez en meses (o años) he podido centrarme totalmente en mi presente, en las cosas que tenía delante, en lo que había que hacer, y no en el futuro difuso y difuminado que uno evoca para sí mismo y en el que soy un experto de no hacer ni caso. Esta vez ha sido...diferente. Tampoco había pasado nunca tanto tiempo solo, conmigo mismo, y lo he llevado bastante mejor de lo que pensaba antes de salir. Pensaba que me agobiaría más y que empezaría a darle vueltas otra vez a todas las cosas, pero no ha sido así en absoluto. Si que es cierto que cuando estabámos en la recta final del vuelo tuve que cerrar el libro por no poder concentrarme, pero es que estaba deseando entrar a mi cuarto y darle a esta semana el final que se merecía, durmiendo plácidamente, sin despertador acechando, en mi cama, con mis cosas, con mis historias.

Volver a volver.





[Reflexión final: Intentando desde ya Aprender a Recordar]

Miedo y asco en Londres [2.3]

viernes, 21 de diciembre de 2012

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1.- Yo aún las estoy viendo día a día y sé que las voy a echar muchísimo de menos tal y como ponga un pie en Barcelona. Me gustaría venirme una laaarga temporada, un par de meses por lo menos, pero a corto plazo me voy de casa, así que mejor voy planteándome las cosas una a una, que me conozco y luego se quedan muchas de los cosas que planeo por hacer...

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Como esperaba, hay muchísima actividad en el centro de la city estos días, siendo Navidad. Ayer estuve por Piccadilly y por la zona céntrica, atravesando el Green Park y la feria de invierno del Hyde Park. Me estoy acostumbrando al black coffee de por aquí, es que no está nada mal. Volví a pasar por algunas calles que ya conocía de la otra vez que vine a Londres, y en verdad nada ha cambiado demasiado, puedo asegurar. Los parques de Londres no están apenas iluminados de noche, y lo cierto es que se agradece mucho poder descansar la vista un poco después de pasar por calles tan sobreiluminadas como Oxford o Knightsbridge. Incluso habiéndome traído (y usado) las gafas se me cansa la vista.

De todas maneras, estar solo en una ciudad tan grande hace que uno se concentre más al comunicarse con los demás, más si cabe al verme obligado a usar un idioma que no es el propio, y así las cosas los días de trabajo en el hospital se me han pasado volando. Creo que ha valido la pena lo difícil de este año, con todas las cosas que me han pasado y que aún quedan por pasar, si estando aquí puedo olvidarme de todo y descansar unos días, perderme por calles que no conozco y bromear de cualquier cosa con desconocidos, dejarme llevar, relajarme, descansar los nervios y pasar algo de frío, que nunca está de más, por mucho que diga que paso frío en cualquier época del año.

Foto de hoy: London Eye de fondo y un Necrobus en medio plano. Flípenlo.



Mañana iré a Portobello y por la tarde creo que volveré a alguno de los parques, según el tiempo que haga, y el domingo pasaré por Camden antes de ir al aeropuerto y volver a la realidad.

Voy actualizando, un abrazo.

Miedo y asco en Holanda [1.3]

domingo, 26 de junio de 2011

Héme aquí una vez más. en el Baix Llobregat de mis amores, recalculando cual GPS el contenido de mis días en tierras noreuropeas.

Miércoles 23 de junio, día de revetlla, nos vamos por la tarde a Antwerpen (Amberes, Bélgica) después de mucho insistir. Pizzas en restaurantes italianos belgas con camareros españoles, que recomendaban y hacían reclamo con el hecho de que el pan y la mantequilla para untar eran gratis. Unos maestros de la negociación y el engaño, a todas luces. Uno de ellos incluso intentó obsequiarme con un paraguas del Atlético de Madrid, que baje Dios y lo vea. Conseguir chocolatinas belgas, ver rabinos de los de verdad por la calle, hacernos fotos junto a estatuas con manos en sus manos y volver a Eindhoven, a hacernos unos cócteles para celebrar San Juan, que en Holanda no hay costumbre.

San Juan. Despierto en este día sin resaca, años ha que no me pasaba esto, de verdad, desayunamos fuerte y salimos rumbo al parque de Hoge Veluwe, en el que alquilamos unas bicis, visitamos un museo de ciencias naturales para reírnos de los experimentos, hicimos miles de fotos, vimos un desierto en pleno prado, con árboles muertos incluso. Pasamos en el parque unas 5 horas, en las que vimos llover, salir el Sol, nublarse, volver a llover, nublarse, entresalir el Sol, llover torrencialmente y con agua fría del demonio, etc, etc. Las estaciones del año en una tarde. También nos comimos cada uno un broodje, que es lo que se llama "sushi holandés", particularmente recomendable. Subimos a Kinderdijk, ciudad de estampas, postales y molinos, parada obligada del recorrido, y finalmente llegamos a Rotterdam, ciudad en la que casualmente las tiendas permanecían abiertas hasta las 11 de la noche (señalar aquí que las tiendas, entre semana, cierran a las 6 de la tarde) así que finalmente pude conseguir otro libro en inglés de Kerouac para mi colección, testigo ésta de mis viajes. Cenamos en un chino en el que cenaban chinos (señal positiva donde las haya) 3 personas, un plato cada uno más bebida por 48 euros. Tutupá. Al menos era un arroz digno de degustar...

Último día, despertares en Rotterdam, deseando salir de esta ciudad gris, camino a Delft, donde se aparca el coche al lado del canal, y teniendo poco cuidado el vehículo puede tener que ser remolcado por grúas, no hay ningún tope o indicativo de la distancia del coche al vacío, así que es una maniobra harto arriesgada, ciertamente. En este pueblo, además de encontrar galletas sorprendentes, y además también de ser un Ámsterdam en miniatura, suenan las campanas sin descanso por algo así como un cuarto de hora en la plaza principal. Pero no son unas campanadas aburridas y sin ritmo, nada más lejos de la realidad, tienen melodía y ritmo, y a los 5 minutos estás deseando cortar la cuerda de las campanas con un machete de los que sirven para avanzar por la selva virgen. Bajamos a Maastricht, que es de donde saldrá nuestro vuelo de vuelta, comemos en un americano y nos damos una vuelta por las calles peatonales, pequeñas y similares a las de Sitges, en muchos detalles. Nos faltan 3 horas para el vuelo, nos aburrimos, y decidimos bajar a Aachen, Alemania, que está aquí al lado. Nos encontramos iglesias colosales, oímos conciertos y nos encontramos un concierto de Amnistía Internacional y descubro que me apetece mucho hacer el kinky, salir de conciertos y de cervezas, pillar la taja, echar unas risas, verme algunas pelis absurdas, leer libros con narrativa tipo baix llobregat, pintar paredes y hacer plantillas, tatuarme, hacerme otro piercing, trasnochar, coger la bici, volver a casa, volver a empezar.





Fin.

Miedo y Asco en Dublín

miércoles, 25 de mayo de 2011

Ieja, lectores y lectoras del blog, de vuelta de la Isla Esmeralda (Irlanda o Eire para los amigos).
Señor Zigor (al que desde ahora llamaremos Z) y servidor nos encaminamos al aeropuerto en medio de elucubraciones, reflexiones del viaje, música de los Ramones por mi parte y de Coldplay por la suya, dándole vueltas a algunos detalles del viaje, haciendo tiempo a 100 kilómetros por hora por la carretera del litoral.
Saliendo el Sol subimos al avión y, ante mis fallidos intentos de dormir un poco y coger fuerzas para el viaje, finalmente me uní al estudio de Z de la guía de Irlanda y empezamos a hacer boca para todo lo que nos esperaba.
Una vez desembarcados y viajando hasta la capital, no hacíamos más que fascinarnos ante el hecho de que su sentido de conducción sea el contrario, lo cual es mucho más impactante en persona que en la imaginación de cada uno.
Antes de cumplir los 20 segundos de haber bajado en la capital, Dublín, la ley de Murphy se hace patente una vez más, y oímos, contra todo pronóstico, que alguien estaba llamando al señor Z.
Compañeros de trabajo, ni más ni menos, aprovechando los últimos días de una estancia de un mes a lo largo y ancho de la isla. Manda huevos que sea la primera gente con la que hablamos en Irlanda.
Mochilas aparte, y con la guía en mano, empezamos a familiarizarnos con nuestro entorno inmediato, con el río, con el Temple Bar y sus recovecos, algunos sitios para comer y referencias a la hora de distinguir las calles.
No haré un resumen día por día porque no tendría demasiada gracia, ya que en realidad no respondíamos a ningún horario por una parte, y por la otra porque nuestra idea de alquilar un coche y movernos con libertad acabó en ese cajón al que van las ideas sin llevar a cabo, acumulando polvo y humedad, y donde se cuentan las unas a las otras cómo van las cosas.
Es decir, que exprimimos la ciudad al máximo.
Todos los días nos tomábamos unas buenas pintas y veíamos música en directo, y no sólo música folklórica sino también Rockabilly y hasta buscamos garitos de Jazz.
Los bares. Qué bares, señores, qué gentes y qué mujeres los pueblan sus interiores y sus cercanías, mother of god. Para empezar, en el Temple Bar en sí, un matrimonio canadiense (Terry y Kevin) con el que el señor Z entabló conversación y llevó a puntos de tinte político - Zeitgeist- con la esposa y servidor disfrutando del saber musical del marido, conocedor este aún siendo abogado de Derecho Internacional a TOOL, ni más ni menos, incluso a King Crimson. Siguiente bar, siguiente gente. Patrick, profesor de profesores en la Universidad de Dublín, maestro de varios idiomas y, ante todo, un hombre con sentido del humor. Ya no en un bar, sino en la cárcel de Kilmainham (a la que debería dedicarle una entrada para ella sola) charlo con Ruairi, joven irlandés amigo de Pink Floyd que nos hizo un suculento descuento por ver el parche de "The Wall" en mi chaqueta. Por último, y no por ello menos importante, Robert, dueño de una tienda de ropa de segunda mano (EAGER BEAVER, Crown Alley 17) el que nos animó a venir a trabajar a su país, a disfrutar de lo que nos encontremos en el camino y a acudir a él si finalmente decidíamos irnos a vivir a Irlanda. Señor Z se lo está planteando con absoluta seriedad, yo me planteo cambiarme en algunos sentidos, y tal vez puede que también en ese.
No puedo terminar la entrada sin antes mencionar los sitios más recomendables para mí de todo Dublín, siendo estos el Garden of Remembrance "En honor de todos aquellos que dieron su vida por la independencia de Irlanda", jardín curioso donde sentásemos a charlar durante unas 4 horas sin cuenta darnos ni siquiera importarnos, el Phoenix Park, el parque 2 veces parque, tan grande como el doble del Central Park de Nueva York, y además a las afueras, lo que permite perderse (literalmente) en la absoluto inmensidad del cielo y en la pequeñez del ser humano. Puedo sonar exagerado o incluso fantástico, pero estando rodeado de césped, de un color verde tan intenso a la luz del Sol que hace entrecerrar los ojos de intensidad, cuando mires a donde mires sólo ves un inconmensurable desierto verde en todos los rincones del horizonte, cuando eres capaz de revolcarte por el césped por el puro placer de hacerlo y sentirte vivo y, mareado y aturdido, te ríes a mandíbula batiente como sabes que hacen los niños pequeños, los que de veras saben reír, entonces te sientes absolutamente perdido en lo gigante del universo. Y otro bar, para terminar, el MEZZ, sala de rock y buena música en directo a la que acudimos en más de una ocasión, totalmente obligada visita.
Curiosidades hubieron muchas, pero resumámoslo en que en el St. Stephen's Park, además de un busto de James Joyce, podréis encontrar la típica caseta abierta de parque americano (no americano, más bien típicamente americano) en la que hay gente a raudales, vestidos de gala, bailando Jazz clásico y tomando té y galletas. Otra de ellas fue cuando, borrachos, Señor Z y yo pasamos por el puente O'Hapenny, llamado así porque el impuesto de paso era de medio penique en su día, y al ir a dejar una moneda de cincuenta céntimos en dicho puente, Señor servidor la tiró con fuerza al río, para que siempre se mantuviera mi impuesto pagado, tal y como si fuera el pago al barquero en la Laguna Estigia. La última curiosidad son los ojos de algunas dublinesas, según señor Z: "De un azul acero que es capaz de atravesarte el alma, pero no sólo a ti, sino también a los 5 tipos que tengas detrás".
Cargo fuego en los ojos como Drew Barrimore, dice Elphomega.
Volveremos, Irlanda.
Y esto es una amenaza en toda regla.

[Feliz como hacía mucho que no me sentía.]

Maestro Sho Hai

martes, 1 de marzo de 2011

Viñarock 2007. Parko, Hate y Kruz.



Finalmente, CD absolutamente necesario y recomendable. Axioma musical.

¡Qué majo eres, ostias!

Sho Hai, maestro.

Días Naranjas (Acampada piloto)

domingo, 7 de noviembre de 2010

Cosas a tener en cuenta de la acampada piloto:

Madrugar un sábado, sol, gafas de sol, dolor de cabeza, mochilas, comida a raudales, termo con café, tienda de campaña sin suelo, tierra, petacas de whisky vacías, llenas, mediollenas, mediovacías, vacías, y llenas otra vez, whisky con agua, cubatas con agua, no encontrar el càmping, encontrar un segundo càmping, perder de vista el segundo càmping, dar la vuelta por media vilanova y una rotonda de Sant Pere de Ribes y volver al càmping número dos, llegar y elegir parcela, montar la tienda, montar las linternas, montar el camping-gas, hacerse un ramen y abrir el Jim Beam, rociar al gusto, comer al gusto, acabar a gusto y volver a empezar con esto, platos de arroz, galletas con sal o con chocolate, siestas de 2 horas, canciones de The Doors y música jazz por todas partes, 2 metros hasta el techo de la tienda de campaña, paseo por la tarde, noche de bingo y torneo de póker, partidas de futbolín, investigar la zona, visitar los columpios, reírnos de todo el mundo, recordar Gran Torino, visitar un montón de veces el supermercado, cenar raviolis a las 6 de la tarde, partidas de póker, contemplar con impotencia cómo se morían las dos linternas y nos dejaban a oscuras, conseguir velas y cerillas y solucionarnos una vez más la vida, más whisky, más risas, más historias, más comentarios y espacio del que quepa en este blog.



Una noche durmiendo cambiando y cambiando de lado, temor por el fuego, que me pongan una grabación que grita "Por la Horda" y que en sueños responda, madrugar un domingo, hacer raviolis y más ramen de almuerzo, no conseguir cerrar la tienda de campaña, confundirnos y mandarla a la mierda, salir del camping, pagar gasolina, poner gasolina, llegar a casa y ahí no acaba la cosa, visitar youtube y buscar cómo doblar la tienda.

Conseguirlo y escribir esto.

Luis, tío, de lujo.




Enorme, chico, enorme.

Depresión post-vacacional

domingo, 19 de septiembre de 2010

Lo primero es lo primero y es pedir disculpas por no actualizar cuando debía, es decir, hace más de una semana.

Hace una semana que se acabaron mis vacaciones y el trabajo se me hace mucho más aburrido de lo que ya es de por sí. Pero, en fin. centrémonos en lo que nos ocupa.

4 días en Alemania para sorprendernos, Luis y yo, del silencio casi soviético en los autobuses, del hecho de que el metro sea gratis, de un idioma dificilísimo, una gente bastante amigable, mujeres por doquier, desayunos continentales, luces rojas en el cuarto de baño, cerveza floja y a patadas, Jack Daniel's en lata mezclado con ginebra, Fanta de mandarina, partidas de póquer y predicciones del futuro, subirse a una barca y remar en Palmengarten, rodeado de patos, hablar con italianos, alemanes y americanas y hacerse entender, subir a un rascacielos y ver toda la ciudad, conejos en los parques y rubias por todas partes.

Resumen a marchas forzadas del viaje, lástima no poder mostrar fotos, pero ya sabéis que odio el facebook.

A los dos días de volver tenía que embarcarme de nuevo dirección Edimburgo, pero mi mala estrella quiso que mi vuelo fuera cancelado, luego de 5 horas de espera y un cabreo mayúsculo. Llegué a mi casa a las 2 de la mañana y dejé que se me fuera la cabeza: Busqué un albergue y un transporte y me fui a Bilbao. Yo solo, yo loco.

Debo decir que para haberme ido solo, a una ciudad nueva, un día y medio y sin más información que la guía que me compré el día anterior, debo decir, repito, que ha sido uno de los mejores viajes que he hecho nunca.

Imaginadme con las pintas que llevo usualmente, en la cafetería del museo Guggenhein, con una copa de vino y un plato de pintxos mirando por la ventana la ría de Bilbao y el parque. Quién me ha visto y quién me ve hoy día. He hablado con mucha gente, he hecho muchísimas fotos, cosas muy rara en mí, he bebido muchas cañas, he andado sobremanera, y mil cosas más.

La verdad es que he tenido un verano fantástico, entre el Rock In Rio en Madrid, Alemania y Bilbao. Ya estoy como loco buscando el siguiente viaje. A poder ser solo también.


Gente, cuidaos muchísimo, prometo no tardar en volver.

Miedo y Asco en MadriZ [1]

sábado, 19 de junio de 2010

Un montón de días más tarde, aquí queda la crónica de lo más interesante del viaje a MadriZ por el Rock in Rio (cuyo lema es "por un mundo mejor", Dios sabrá por qué)...

Después de que el avión se nos retrasara y descubriera que al Antonio no le hace gracia viajar en avión (a buena hora me lo dice) llegamos a MadriZ-Barajas a las 12 de la noche de lo que ya es viernes. Pillamos el metro, camino de "Tribunal" que es nuestro destino y nos ocurre lo más improbable y a la vez lo más típico que ocurre en los viajes:

-¿Perdona, sois de Gavà?

De Gavà. Ni siquiera me suenas o algo así. Eran dos tipos. Uno era amigo del hermano del Antonio y otro era el primo de un colega mío, con el que había estado en el Rodamón alguna que otra vez.

Nos despedimos de ellos en el metro y nos dirigimos al albergue "Las Murallas", en la calle Fuencarral, número 23, piso 4. Las cosas más remarcables del albergue hasta este punto es que la puerta de abajo cuesta un montón de abrir, tiene un ascensor al más puro estilo Resident Evil, atención, Bañera! en la habitación y camas individuales.

La 1 de la mañana, nos vamos a cenar, bar Hawaii, calle Pérez Y Galdós, nos trataron genial y además probamos unas bravas espectaculares. Saliendo de allí empezamos a pedir alcohol y a partir de aquí la noche se va nublando. Vimos de todo, desde un grupo inmenso de gente con traje haciendo botellón en callejones hasta la tienda donde el Camacho se compra los batidos de proteínas y mierda para "ponerse fuerte". xD

Entramos a un bar y resultó ser una coctelería. Me pido un par o tres de San Franciscos y Anthony se pide un mojito, al que seguiría un Tequila Sunrise, en honor a Cypress Hill, flickflockers. Chupito de Tequila José Cuervo y luego Antonio, hastiado de que el alcohol no le subiera, pidió mi consejo, a lo que se tomó dos chupitos de absenta.

Este lugar resultó ser un bar ultragay, pero en fin, entrando dos tíos juntos tal vez nos tomaran por pareja y nadie vino a decirnos nada, y menos mal porque eran jodidos armarios y daban miedo, la verdad. xD

Saliendo de allí llegamos a la Gran Vía de Madriz, mucho menos espectacular de lo que creíamos, y hablando con un reaparteflyers nos mandó a un bar de Rockabilly y música de los 50. La gente estaba hasta caracterizada incluso. Después de unas risas, otras 2 cervezas y otro chupito salimos a hablar con el reparteflyers. Un tipo fantástico, nos mandó al bar "Ofrenda"´, donde la música era del estilo de Rage Against, Red Hot Chilli Peppers, System Of A Down...

Aquí empecé yo con los cubatas. Quien no me conozca no sabe que yo no bebo cubatas porque me matan mucho, pero a esta altura de la noche no pude no tomarme 3 o 4. Total, que son las 6 de la mañana, volvemos al albergue y aquí no acaba la noche, nada más lejos de la realidad, porque en cuanto entramos a la habitación a Anthony no se le ocurre mejor idea que la de irse a "explorar", quedándome yo en la cama, con el mundo dando vueltas. Le oía abrir puertas y dar golpes, hasta que volvió con un par de toallas y un rollo de papel higiénico: "Para limpiar la mierda", fue su expresión.

Todo esto la noche del jueves...

Después me dormí.


Viernes! Mediodía y salimos de la cama. Nos dimos un paseo por la calle Fuencarral, la calle Gran Vía y la Plaza Callao. El señor Antonio descubrió el "Museo del Jamón" lugar ampliamente coreado y alabado por nosotros, donde casi todo está a un euro, y que el jamón es la premisa de obtener moneda. Después de comer como cerdos un largo rato y de pasear por medio Madriz tomando cañas y cafés, pusimos rumbo al Bernabéu, de donde salían los autocares hacia el Rock In Rio. Pillamos unas litronas y nos metimos en el bus.

6 de la tarde, en una hora abren puertas. Nos bebimos 3 litronas malísimas entre los dos y bromeamos sobre unas abuelas que estaban recorriendo la zona, en busca de sus nietos, quizá. A partir de aquí, una vez más, todo empieza a nublarse, sé que bebí un montón, que llamé a algunas personas, que recibí mensajes extraños, que hablé con unos chavales vascos majísimos, bromeamos con unos catalanes y discutí con Alex, un tipo de Cartagena, Murcia, de cine.
Lo demás ya os lo suponéis, Cypress Hill, Jane´s Addiction y Rage Against The Machine. No os voy a comentar gran cosa de los conciertos, excepto que a flickflockers les faltaron clásicos y que demasiada gente de mierda en Rage (empujones y codazos.)

Ah, sí, durante todo Rage Against estuve solo, porque fue tal la avalancha de gente que sólo podías sacar un bracico y moverlo al ritmo de esta gente, estábamos atrapados. Al acabar nos dimos de chapuzones y duchas en las fuentes de la entrada del festival y al subir al bus cogimos uno al azar, por lo que, evidentemente, no llegamos al Bernabéu, sino a nosedónde, desde donde volvimos al Rock In Rio. A todo esto casi mato a un níño de unos 12 años con el pelo color verde césped porque no hacía más que reírse, siempre que Antonio o yo dijéramos cualquier cosa. Súmalo a lo irritante del niño la borrachera y la adrenalina de ver a Rage y imagínate la increpación al chaval.

Qué asco de niño.

Llegamos al Bernabéu, pillamos un taxi y el taxista lo primero que nos dice es que le indiquemos nosotros. vas listo xD. De vuelta en el albergue nos duchamos y salimos otra vez de allí, dirección al bar. Allí pensaron que yo era de Torrejón y el Antonio de Móstoles, a lo que respondimos que éramos catalanes y casi nadie nos creyó. Muy, pero que muy ciego, le compré un paquete de arroz al curry a una china, que resultó ser 3 delicias, y me lo comí antes de irme a dormir.

Lo primero que pensé fue:"Me quiero morir". Las 12 de la mañana, una resaca espectacular, y nos despiertan diciéndonos que tenemos que irnos ya del albergue, que es la hora. Automáticamente me voy al baño a vomitar y cagar y asearme la cara y eso. Recojo mis cosas y salimos de allí, Antonio y un zombi, dirección a donde sea a que pueda descansar. Estuve dos horas en este plan, hasta que volvimos al "Museo del Jamón", bendito y bienventurado lugar, donde nos salvaron de la resaca, a mí al menos. Visitamos más lugares, más bares, más cafés, y se nos hizo la hora de volver al aeropuerto. El avión se retrasó de nuevo, y yo empecé a leer "Música de cañerías" de C.Bukowski, comprado en Madriz.

Una vez en Girona, cogimos el coche y llegamos a casa a las 3 de la mañana, me ducho y me voy a la cama. Estoy destruido.


Sé que al final se pierden detalles, pero es que ya está bien, qué manera de destruirse xD

Cuídenseme.



Pink Floyd

viernes, 30 de abril de 2010

He descubierto The Dark Side Of The Moon.


Puedo morir en paz.

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