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Basura mental [2]

lunes, 23 de julio de 2012

Perdiendo las horas perdidas y muertas en sorbos de café de máquina, de ninguna calidad, tan sólo un placebo para dejar pasar otros pocos minutos, antes de salir por piernas de este otro infierno, intermitente una tercera parte del día, casi todos los días.

Aceptando el paso del tiempo, pasos inabarcables, pero prácticamente despreciables al fijar en ellos plena atención. El tiempo es cambiante, según la percepción, las marchas a las que funciona nuestro cerebro y nuestra verdad secreta son inescrutables, cada vida un mundo, cada día una batalla.

Esperando, siempre esperando.

Las pocas veces que he intentado conscientemente salirme con la mía, no he tenido demasiado éxito. No soy una persona demasiado impulsiva para las cosas determinantes. Es sólo cuando me hallo ante situaciones donde puedo adoptar pleno y perfecto control donde me muestro tranquilo, confiado y preparado. Por el contrario,en arenas movedizas, en terreno poco firme, aparezco en estado de alerta, de precaución, un aura de misterio rodea mis pensamientos y los esconde, mis mecanismos mentales funcionan a pleno rendimiento, tratando de calcular todas las salidas posibles, pretendiendo calcular todas las bifurcaciones, el destino de todos los caminos, las consecuencias de todas las palabras. Me creo Deep Blue contra Kasparov, según parece. Debería aplicarme el test de Turing o la escala Voight Kampff y ver qué saco en claro.

Tal vez me sorprenda.

Mi antiguamente preciada empatía se gira en antipatía anti mi mismo. Puede que en realidad siempre hubiera sido asi, y que mi facilidad de ponerme en la situacion de los demás se deba a una incapacidad de tomar decisiones.

Feel like a Hamlet, podría decirse. Que, por cierto, es el próximo libro de la lista.

A ver si aprendo algo.

¿No?



Basura mental, vol. 2.

Basura mental [1]

domingo, 22 de julio de 2012

Después de pensar tres o cuatro veces qué explicar aquí, he decidido hacer lo que hago siempre, dejar que vayan saliendo ideas y analizarlas desde ahí.

Me sigue doliendo el pulgar, para quien ya sepa de qué hablo. Ni se me hinchó la mano tanto como yo esperaba ni me ha llegado a molestar como las otras veces que me ha pasado algo así, pero la señal es inequívoca, estoy reventando por algunas partes. Como esas ollas a presión de los dibujos, que empiezan a hincharse hasta que los tornillos y los remaches saltan, destrozando ventanas y rebotando por las paredes, haciendo que cunda el pánico. Han sido y están siendo unos días duros para mí.

Mi apatía, mi extraño-estar, mi inquietud y mis neuras están más presentes que nunca. Pocas veces he tenido que lidiar conmigo mismo en un estado tan raro y tan desganado. Sin ganas de nada, echándome en cara las ganas de nada, haciendo nada, durmiendo para no hacer nada.

Y nada me ayuda.

Me encuentro de lo más apartado de mis antiguos círculos sociales, y muchas veces, yo mismo lo elegí. ¿Hasta qué punto me ayuda decir y decirme las cosas como son? ¿Porqué tengo que ver las cosas de una manera personal, única e intransferible, que parece que nadie entienda? ¿Me he aislado tanto que ya no entiendo el comportamiento social? Es cierto que me paso la mayor parte del día encerrado en mi cabeza y mis ideas, y que ahí dentro todos pensamos que tenemos razón, y que al enfrentar unas posturas con las de otros alguien tiene que salir perdiendo, pero, EH, ¿dónde acaba todo esto?

Me he replanteado, durante estos últimos días. Mi yo completo, digo. No tengo nada que echarme un cara, por mucho que me empeñe en hacerlo. Estoy bastante contento con mis contradicciones y arrogancia e inteligencia y empatía y mi a veces síndrome de Asperger. He llegado cerca de líneas que prometí no cruzar, y me he sorprendido mirando por encima de las murallas que yo mismo construí, para ver qué se cuece.

Ponerse barreras a uno mismo para luego engañarse saltándoselas. Hacerme promesas a uno mismo que nunca se cumplirán. Dead ends, cul-de-sac, la mayoría de las vidas actuales. Por suerte o por desgracia encuentro algunas respuestas en algunas de las cosas que leo, y me hacen pensar que no todo parece estar perdido o no valer una mierda, aún cuando todo parece demostrarme lo contrario. A veces encuentro un par de frases por ahí que me dicen lo que necesito oír, y no sé si serán ciertas o no, pero en ese momento son lo más necesario, lo más puro, lo más sagrado, y las tomo por válidas, y me dejo influir.

Al margen de las anteriores e inconexas ideas, también me quedan unas pocas personas cerca. Cada vez menos, cada vez mejores. Aunque creo que con palabras no sería capaz de agradecerles lo que hacen por mí en mi cotidianidad, escribo este escueto agradecimiento para que sepan que no me olvido de ellos, y que las conversaciones próximas alrededor a tazas de café serán extenuantes, sobretodo para ellos, que tendrán que escucharme. Estoy ciertamente más perdido que nunca, pero esta vez creo que poco a poco le voy perdiendo el miedo a la palabras.



Basura mental, vol. 1.

Goodbye, Jon Lord.

lunes, 16 de julio de 2012

Ostia, tío.

El primer grupo de música que escuché con auténtica atención fue ACDC. Por insólito que parezca, en aquella época le gustaban más a mi hermano que a mí, y la verdad es que a él incluso le molestaba que yo les escuchara. Era algo que él tenía en común con mi padre y, en cierto modo, me estaba entrometiendo. Yo lo sabía, pero también estaba en la etapa de la vida de hacerle la vida imposible al hermano menor, una guerra sin cuartel ni fin ni reglas.

Es posible que aquellas primeras batallas dialécticas entre mi hermano y yo cincelaran mis respuestas. De pataletas y lágrimas a gritos cada vez argumentábamos más, a medida que crecíamos. Él se desvió a Limp Bizkit, yo me decidí por Iron Maiden y Deep Purple.

Deep Purple.

Gracias a ellos escogí mi primer mote (Blackmore) en honor al guitarrista de la banda. De los diversos recuerdos que tengo a mano de aquellas últimas tardes con mi padre, destaca sobremanera el disco en directo de 1974. Un disco con 5 canciones que grabé en mi cabeza absolutamente, entero, sin dejarme ni una nota, ni un solo detalle. Me entusiasmaba escuchar aquellos laberintos musicales, aparentemente erráticosdejando volar mi imaginación con un Walkman Sony, al volumen máximo, aún debilitando mis tímpanos. Otro de los discos que recuerdo claramente era el especial grabado con la orquestra filarmónica de Londres. Mi padre me lo prestó y nunca llegué a devolvérselo. No me arrepiento. Aún hoy me pregunto qué pensaba de mí mi profesora de música, con la que nunca me llevé bien, cuando le hablé de aquel disco. Tengo manos de pianista, me decía.

Por aquel entonces llegaron los vinilos grabados a cintas de casette. En mi casa encontré una interesante colección, y hasta hace poco no he sido capaz de apreciar todo lo que se guarda en ese cajón. Me pasaba tarde y tardes escuchando y regrabando aquellas cintas, haciendo combinaciones y mezclas, quedándome dormido con los cascos puestos. Si me concentro, añun puedo escuchar el "clac" de la cinta al llegar al final. Una pena no haber disfrutado más tiempo de aquellas obras de arte en miniatura, absolutamente personales, expresando en aquellas mezclas mucho más que en varios relatos, sintiendo escuchándolas muchísimo más que con cualquier otra cosa, por mucho que ahora sea más fácil.

Y es que me hago mayor, y a medida que yo lo hago, algunas grandes personas llegan al final de sus vidas.

Jon Lord, descanse en paz. Y gracias.



Canciones para poner los pelos de punta, volumen 7:

Deep Purple - "You fool no one"



Wheels of confusion

lunes, 9 de julio de 2012

Título y tema más que apropiados para esta entrada.

Me he pasado un mes sin escribir... ¿haciendo qué? Ni yo mismo lo tengo claro, la verdad. Darle vueltas a todas las cosas, que es lo que hago siempre, perderme en pensamientos tumbado en la cama, con los pies en el cabezal, con la vista a ratos fija en el techo y a otro en los dibujos y formas que hacen las cortinas y la luz de las farolas, a través de las rendijas de las persianas, y cuando me quiero dar cuenta llevo así ya un par de horas, y al día siguiente necesitaré algún café extra para ser persona y rendir en un ambiente laboral que me creo y que a veces yo creo hostil.

Dicho esto, sigo, acomodo más ideas de mierda en frases y así las quito de mi immediatez, me desquito de esta angoixa que me atrapa últimamente, sin rumbo fijo, sin meta.

Si me paro, me ahogo, si me paro, releo y no escribo, me caigo, así que no pienso y cojo la entrada y el puto blog por los cuernos, que demasiado tiempo lleva ocioso y sin darme qué pensar, y eso me afecta en mi realidad immediata y me resta efusividad, me quita energía, me robo la vida, me pierdo en un laberinto auténtico y falso, complejidad máxima al no haber salida, y habiéndome perdido innumerables veces, lo seguiré haciendo, porque es mi sino, es mi gloria, es mi camino.

¿Eh? Buena pregunta. Divago y me relajo y me fundo a la vez, aquí, ahora y siempre. Lo mejor del mundo es dejar a un lado la procastinación y ponerse las pilas. Lo mejor del mundo es sentarse sin ducharse a escribir, porque la mugre de las manos ayudar a sacarse uno de encima la mugre mental y a esculpir otra entrada loca, cual escrita en los márgenes de una servilleta de bar de carretera, en un viaje intenso, perverso, nocturno, pleno.

Listas y listas y listas de cosas y libros y pelis y lugares que hacer, leer, ver o visitar, y ¡si supieras cuántas están escritas desde hace años, sin que parezca nunca que vayan a tacharse todos sus elementos! Siempre antepongo otros a éstos, y siempre me quedan cosas por hacer, y siempre tengo miedo de no darme tiempo a poder completarlo. La última vez que fui a por libros (H lo sabe) hubo un momento de duda, de brillo, de euforia total y alucinación instantánea, un pequeño nirvana me paró un instante y me hizo reflexionar sobre cuántas de esas fantásticas historias que quiero leer algún día se quedarán en el tintero y tendrán que esperar, a otro tiempo, otra vida, otro momento donde pueda dedicarles su merecida atención. Y si supieras, amigo, lo acertado del título de P.K.Dick "¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?" no te reirías ni pensarías "menuda payasada" sino que de entrada te pararías un segundo y tratarías de averiguar algún indicio del significado, alguna manera de entrever el contenido del libro en el título, y sorprenderte luego con el resultado, en contraste a la realidad.

Y apreciarías también, el misterio que condujo y conduce a Paul Auster a jugar y experimentar con el azar, y con la verdad, y con su realidad y la que él se imagina, y crear remolinos con forma de historias que te atrapan y nunca te soltarán, os convertiréis parte el uno del otro, lo quieras o no.

Y ¿Bukowski? Maldita sea, si sabes algo de él seguro que es lo típico, lo más flagrante, lo más polémico de él, y no habrás podido apreciar la capacidad de lucha y supervivencia que impregnó cada uno de sus días, y lo absolutamente ido y jodido que estaba. Tú, por si acaso, hazle caso a su epitafio, "Don't try" y sigue a lo tuyo.

¿Cómo he acabado yo aquí? Me pregunto ahora, como si me hubiera despertado en casa ajena con resaca asesina, cicatrices nuevas y manchado de sangre que no es mía.

Pues acabo así por dejarme un mes sin soltar un poco de aire.

Y la culpa es totalmente mía.



Ala, a cuidarse.



Canciones para poner los pelos de punta, volumen 6:

Black Sabbath - "Wheels of confusion"



Goodbye, Ray Bradbury.

miércoles, 6 de junio de 2012

Suponíase que esta tenía que ser la última y final entrada acerca del viaje a Egipto, pero la verdad es que no me queda mucho más que añadir, puede que alguna anécdota suelta, que elijo reservar para cuando salgan de copas conmigo, o sino siempre podría seguir dando vueltas a las ideas ya expuestas, exprimirlas hasta secarlas y tratar de hacer alguna lectura después.

El motivo de la entrada es para llorar una muerte más, en un entorno mío pero no a nivel immediato, si saben lo que quiero decir.

¡Salve, Ray Bradbury! Y muchas gracias, GRACIAS, por libros como "Fahrenheit 451" o "Crónicas Marcianas". Gracias por ese montón de páginas de escritura fantasiosa y fantástica, desesperada y a deshoras, gracias por sentarse a escribir a las 3 de la mañana si le era necesario, gracias por no sentirse muerto en ningún momento.

No tenía, y de hecho no tengo, ninguna gana de sentarme a escribir hoy. Ni hoy ni en los últimos días que han venido detrás de hoy. La verdad es que llevo unos días apagado y raro, semirecluido y leyendo, jugando al Bastion y al Limbo y escuchando música de la buena. Así que en realidad no tengo motivo alguno por el que quejarme, y por una vez, de nada me quejo.

Además, estoy escribiendo, qué más quieren.

Como decía Bukowski, "—Ocurre simplemente que un hombre no puede escribir ocho horas al día. Ni siquiera puede escribir todos los días, ni todas las semanas. Agota su mente, es una desesperación fija. Ahora no puedo hacer otra cosa que esperar."

Y aquí me tienen, rebuscando citas en una libreta escrita a mano y escuchando a David Bowie, no tengo muy claro porqué, pero la verdad es que me gusta cómo suena lo que hace el hombre este.

Para terminar, para no hastiarles con las últimas mierdas autosaboteadoras de mi vida, les dejo con una cita de Bradbury, la que más me ha dado y me da pensar cada vez que me paro un poco, una de esas frases que me desmontan y hace que me desmonte y me analice, y trate de reconstruirme de nuevo, fracasando lamentablemente en el intento, consiguiendo hacerlo sólo en mi imaginación, pensando en mí mismo como en alguien con unas circunstancias absolutamente diferentes, cuando en la realidad lo que hago es zambullirme más y más en la nada que llena mis días.

"Desde hace mucho tiempo sentía que algo se preparaba en mi interior, y yo andaba por ahí haciendo una cosa y sintiendo otra"




RIP

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