Como una manada de caballos desbocados trotando por un desfiladero se me escurren los días entre los dedos y las palabras entre pensamientos. Y como tantas otras veces, as usual, me planteo un ejercicio mental y me siento un rato. A escribir, con la calma, con los cascos, con Patti Smith, con mi bajo aún vibrando, el vidrio de mi ventana que sigue vibrando, mi alma que sigue vibrando, mi ojo que vibra sin aviso ni intención, festiculación es la palabra, gestos sin intención, tics de nervios y locura en la habitación.
Buscándome la ruta de escape, como siempre, como nunca, como Kerouac, siempre, siempre huyendo, que no siempre escapando. Si escapamos, !nos vemos! Más tarde nos encontramos, a nosotros mismos, a otros tantos, siempre más viejos, no siempre más sabios. Eso es parte del camino, que es el mío y es el vuestro por pasaros.
Y escapo, y me pierdo, y me lanzo, y luego me asusto de verme en el vacío sin nada a lo que aferrarme, libertad, pura y total, libretas, llenas de mierdas, camisetas, parches en chaquetas, parches en el corazón, remiendos que son pensamientos que dan cuerda a nuestra maltrecha manera de caminar y de dejar atrás tantas cosas.
¿Recuerdas? Una vez la profe de Relato dijo que tenías que tener en cuenta, antes que nada, para quién iba dirigido lo que querías escribir. ¿Sabes qué? No sé qué es lo que escribo, porque no me lo he planteado antes de hacerlo; Simplemente he abierto el blog y me he puesto a teclear sin pensar, porque me parece la forma más pura de escritura, me parece la manera más honrada y honesta de acercarme a ti, lector, y a mí mismo a su vez, escritor, porque cuando empezamos a pensar las cosas se nublan y se pone el Sol. Y de oscuridad sabemos un rato, me callo, mejor.
Escritura espontánea, creativa tal vez, relajante seguro. Mis nervios no entienden qué pasa porque si no pienso se desorientan, y por un momento les despisto, por un rato les dejo atrás, me maravillo de mi genio y mi perspicacia, caigo en mi propio orgullo y me creo libre de todos ellos, libre de todo mal, y me pierdo y tropiezo y me caigo.
Ay.
Canciones para tomar drogas malsanamente, volumen 9:
Patti Smith - "Horses"
Horses.
Publicado por Frank B. Parkinson en 21:40 0 comentarios
Etiquetas: Drug songs compilation., Espontaneidad escrita.
Simón volviendo a casa [1]
"Have you been drinking, son
You don't look old enough to me
I'm sorry, officer
Is there a certain age you're supposed to be
Cause nobody told me..."
Y así es como muchos fines de semana se acabaron, dando parte y explicación a los señores de azul, o de verde, o del color que sea. Polícias en todas partes. Mucha policía poca diversión, dice la canción.
Y no solo fines de semana, también viajes y vueltas a casa en el Nitbus, sintiéndose uno la persona menos importante de todas, con la visión más que borrosa, el estómago vacío desde hace un rato, el Sol casi saludando ya entre las nubes y yo murmurando, haciendo lo que puedo para que un policía entienda que estoy lo suficientemente hecho polvo como para que me deje tranquilo, vaya donde vaya, sea donde sea. Los sonidos guturales que salen de mi gargante producen algún efecto, quién sabe si asco o lástima, y me dejan marchar. Hay noches con una tristeza infitinita en el rostro y el hígado perforado de hacerse daño. Cuando recuerde todo esto no me sentiré mejor; lo más probable es que todo vuelva a empezar. Sintiéndome más desdichado que antes, más perdido que antes, más solo que antes, me meto de nuevo en la cama, otra noche más, lloro un poco más, me muero un poco más.
Canciones para tomar drogas malsanamente, volumen 8:
Arctic monkeys - "Riot van"
Publicado por Frank B. Parkinson en 23:21 0 comentarios
Etiquetas: Drug songs compilation., Simón
Pasar del curro. (Escribir es..[3])
[Escrito el lunes 19 de diciembre, en el trabajo.]
Aquí estoy yo, sudándome la polla el trabajo por hacer, ganduleando que se dice, pasando de todo, navegando por el tiempo en la nave del aburrimiento y la procastinación, en otro lunes soporífero.
Qué digo lunes, tarde de lunes, que es a todas luces peor.
Volviéndome loco y a ratos histérico, histriónico y absurdo, por no decir insoportable, me revuelvo en la silla, incómodo ante las perspectivas de este presente gris que tengo enfrente.
De mientras, escribo. Mancho otra hoja de papel con mis pataletas y gruñidos y empiezo otra vez, día tras día, esperando, siempre esperando, a que algo llegue y me despierte. Algo, con mayúscula, que no se me olvide.
Escribo tal cual soy y tal cual pienso. Y hablo muy así también. Te cito a Bukowski o a Bradbury y me castigo el cuerpo con vasos de vinos. El orgullo de mi generación, yo experto en todo y maestro de nada, exuniversitario y sin vocación. Te insulto si quiero del modo más barriobajero que se me ocurre, te hablo de drogas que no he tomado ni he tenido cerca y a veces demasiado cerca. Me hago un lío y me invento un final sobre la marcha, que eso se me da muy bien también.
Masajeo mi ego de mierda buscando sólo encontrar palabras y tratar de verme desde fuera, como siempre, como nunca, como el que intenta verse mirando la cámara en una de esas exposiciones de tienda de electrodomésticos. Ridículo.
No soporto, no aguanto, me muera antes de hacer el ridículo. Por lo que cuál mejor manera de denigrarme a mí mismo que por aquí, ahora que nadie me ve ni me oye.
No tomo drogas por si me acaban gustando, pero no diré esto en voz alta, no sea que me oiga y no me haga caso.
No suelto la botella por si me pierdo, que bastante borroso está el camino a casa.
Busco respuestas en libros de otros, y no escribiendo los míos, que espero algún día lleguen.
Palpo mi realidad desde la más cómoda tercera persona.
Pierdo el tiempo, eso es todo lo que hago.
Bueno, no todo, también duermo.
Poco.
Y mal.
Publicado por Frank B. Parkinson en 14:34 2 comentarios
Etiquetas: Diario, Escribir es..., Odio
Búsqueda. (Escribir es...[2])
Buscándome a mí mismo en canciones que van más allá de doblarme la edad, dejando a medias puzzles de grupos psicodélicos rotos y venidos a menos por el peso de la historia, de la fama, los años, las drogas. Orgullo humano, destructor impasible e imparable. Irreparable.
Me busco y a veces me encuentro en historias semiautobiográficas de escritores malditos, malditos por todos y también por sí mismos, pobres diablos que se desprecian y se odian sin límite. Se rompen y se parten, personas rotas en párrafos sólidos llenos de dolor y angustia, sombra y daño, insultos y penurias. Historias autobiográficas del todo, aún con con otros nombres y otros parajes, siendo fieles siempre a los detalles.
Intento verme en cafés, restaurantes, puestos callejeros, pequeñas tiendas, calles, callejones, paradas de bus, de metro, de tren, de pensamiento, escaparates, ventanas y portales, desconocidos, amargos.
En ningún sitio, en todas partes.
Pero es donde menos nos buscamos donde nos vemos realmente, sirva de ejemplo el espejo del ascensor a las 6AM que nombra Kase.O o un diario viejo, raído, amarillento y macilento, que evoca ciertas impresiones de algunas situaciones que no resultan tan acorde a sus respectivos recuerdos como uno tenía en mente, y es que aún así de perdido y antiguo ese diario sigue ofreciendo renovada luz y material sobre el que plantearse viejas preguntas, y tal vez encuentres ahora nuevas respuestas. Sí, abrirse cicatrices es una especialidad de algunas oscuras almas y mentes, acorraladas y agazapadas en sí mismas, en sus miserias se arropan como si fueran las más pesadas sábanas en la más fría noche. (Hoy estoy bastante gótico y la verdad es que no me importa, jajaja.) Pero siguiendo al lío, qué de veces nos hemos reencontrado con nosotros mismos en videojuegos antiguos, melodías de 8 bits y mandos poco o nada ergonómicos (¿eh, Sala?) y muchos otros lugares y elementos.
Les invito a buscar por su desordenada habitación y cúmulo de recuerdos, a ver dónde se encuentran a sí mismos, allí donde nunca hubieran pensado encontrarse. Y cuando lo hayan hecho, me dejan un comentario y me lo cuentan, y tal vez les haga una entrada al blog y hasta se la firme.
Venga, hombre.
Publicado por Frank B. Parkinson en 18:24 1 comentarios
Etiquetas: Diario, Escribir es...
Magia. (Escribir es...[1])
Enfrentándome a otra hoja en blanco, a otra entrada por rellenar, a otro aspecto de mi vida que contar, me siento a la silla. De nuevo está más vacía mi inspiración que lo que escribo, y es que los relatos nunca fueron mi fuerte, escribir historias me es difícil en extremo y lo que mejor se me da es explicar anécdotas o cosas a las que doy vueltas en la cabeza. Que por otra parte parece que sería el camino a tomar para el blog en los próximos tiempos, porque últimamente la cosa estaba perdiendo la poca inercia que conseguía con las entradas rápidas y sin ganas.
Lo que menos me cuesta es irme por las ramas, explicar la historia que no quiero, dar todos los detalles de algo totalmente nimio y liviano que no tiene nada que ver con el objetivo que me proponía en un principio, te explico de todo, te ríes, me río, y si tienes suerte acabaré recordando a que venían tantas digresiones y tantos comentarios y te responderé, 15 o 20 o 30 minutos más tarde a aquello que me preguntabas, aunque a ti ya no te importe, aunque yo no le de importancia.
De hecho, el hecho de quedar y tomarse un café es la excusa perfecta para dejar volar la cabeza, explicar cualquier cosa, liberarme del silencio autoimpuesto y la vida de austeridad verbal que parece poseerme cada vez que entro en mi habitación. Y también me libro, mientras escribo aquí, de todo, de TODO en absoluto, y me concentro y adentro en la perfecta, preciosa y omnisciente NADA. Me olvido de que estoy aquí, de que me pasa esto, de que no puedo llegar o tener o ser o poseer tal cosa, rechazo cualquier actividad que retrase mi tarea de vaciarme, y me siento vacío, y bien, y satisfecho con mi trabajo y las palabras y las letras que escribo, y las releo y observo la magia que se crea entre ellas, el fuego que despiertan, o las lágrimas que llaman, o el desconcierto, la desconfianza. La fuerza que unos cuantos símbolos, una cadena en concreto de símbolos y no otra pueden crear. Porque las palabras vienen y se van, pero algunos de sus significados se nos graban de forma irremediable, subversiva, subrepticia, con toda la fuerza con la que un mensaje puede impactar y marcar nuestras almas, darles nuevos sentidos a nuestras vidas y cambiar nuestros rumbos.
Por eso leo, por eso escribo.
Para percibir esa magia, para crear esa magia.
Porque leer y escribir van mucho más allá de lo que muchos piensan, y cuando estás leyendo un libro y por un momento, durante un par de párrafos, te pones en la piel del que escribe... entonces sabes que has encontrado un amigo para toda la vida. Has encontrado a alguien que está expresando algo que tú eres totalmente capaz de comprender, y sientes que lo escribe para ti. Se crea un vínculo total y perfecto con la captura, con la fotografía del alma del escritor que está encerrada en ese párrafo.
Y así es como van cayendo libros y libros y libros...
Canciones para tomar drogas malsanamente, volumen 7:
Bon Iver - "Flume"
Publicado por Frank B. Parkinson en 21:09 1 comentarios
Etiquetas: Diario, Drug songs compilation., Escribir es...
Seguidores
Creative Commons

Blog por Ferran Bals Moreno se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported.
