Nou hier ben ik, que dirían los holandeses. Weert, ciudad de 48405 habitantes, si fa no fa, que decimos los catalanes. Pintoresca cuanto menos, silenciosa, solitaria pasadas las 7, luminosa en esta época del año hasta pasadas las 10 de la noche, pequeñina y vistosa.
Escribo desde el hotel que nos paga la empresa, a 10 minutos del curro de aquí. No está nada mal esto, la verdad, podría acostumbrarme fácilmente. Para nada en invierno, soy lo más friolero que ha parido madre, pero si hiciera un clima un poco benévolo en ese sentido estaría bien. De todas formas, pasarse por esta zona una semana o así, haciéndose uno al horario local, paseando en bici, haciendo fotos tranquilamente, quejándose de lo flojo que está el café y escribiendo de tanto en tanto puede resultar reconfortante, a ciencia cierta.
Intentaré aprovechar el tiempo libre que tengo (después de trabajar y explorar la zona) para escribir algo y ponerme las pilas para la Antología del cursillo (detalles en próximas entradas) y para dormir lo que pueda, porque menudas camas. Madre mía las camas del hotel. Es curioso porque ayer no toqué la cama hasta que me fui a dormir, pasadas las 12, y la mejor expresión que se me ocurre para definir mi impresión fue la de hundirme en el colchón. Cual sobredosis en Trainspotting, literalmente. Además, por un capricho divino, dispongo de tres camas (escrito con letras para que no creáis que he puesto un número equivocado), Dios sabrá porqué.
Problemas y obstáculos y cosas del curro a parte, ayer visitamos el centro de Weert y esta tarde la ciudad de Roermond. No voy a engañar a nadie, a la hora que plegamos tampoco es que haya gran cosa para hacer, pero lo bueno es que aún queda bastante luz para pasear un rato o algo del estilo. Para quien pregunte, la cerveza está como en Alemania, floja por definición, a no ser que pidas alguna que ya conozcas. La comida es bastante cara, pero no está nada mal. El porqué de los precios de los restaurantes: Según nos cuentan por aquí (demos paso al enviado especial a Eindhoven) se debe a que el calvinismo tiene bastante influencia en la personalidad de la población autóctona, por lo que, hablando para el pueblo, está gente no son de gastar, al menos en lo que a comer se refiere. De ahí que salir a comer por ahí valga lo que valga. No es menos cierto que para el turista es una faena, porque pasar unos días por aquí puede llegar a salir bastante caro, pero eso depende del paladar de cada uno y de la tolerancia a la comida rápida.
Intentaré engañar al colega para bajar a Amberes, que me gustaría mucho, y a Delft. Él quiere ir a Köln, Alemania, y todo depende de las distancias, de unos 100 kilómetros para arriba.
Y... de momento nada que añadir, ya digo que llevo aquí un par de días, me quedan cuatro días por estas tierras, y mucho que ver, ya iré comentando.
Ah sí, que se me olvidaba, las mujeres no son despampanantes ni guapísimas, pero irradian sonrisas y confianza, así que compensa.
Cuídenseme.
Miedo y Asco en Holanda [1.1]
Publicado por Frank B. Parkinson en 21:55 0 comentarios
Timeskip.
Parece mentira que hace tanto despotricara de mi entonces nuevo trabajo, en el que tendría que permanecer 2 años hasta conseguir plaza de indefinido, con las mejoras contractuales pertinentes. Pues bien, no sólo he llegado ahí después de palos y barrancos, si no que además, la empresa me manda una semana a Eindhoven, para completar un envío en una de las fábricas. La tarea en sí es algo de lo más sencillo, y además sólo tengo que trabajar 4 días. El resto de la semana me quedo en Holanda de turismo, bicicleteo, porros tal vez, y sobretodo, a experimentar con la vida y ver cosas nuevas.
Parece mentira que hace dos años hablara de novatadas y ahora sea yo el que putea, ralla, y mosquea a los chavales que entran de prácticas, ya sea para quedarse o de pasada. Es curioso la fama que tengo en el curro, el carisma del que uno se percata tanto tiempo después, la fuerza que no creemos tener pero que cada día demostramos que tenemos, ya sea para unas cosas u otras.
Es fantástico pensar que, en realidad, nada tiene demasiada importancia, por mucha que le demos.
¡Y además no hago más que viajar!
Listenin': "The Letter" - PJ Harvey
Publicado por Frank B. Parkinson en 21:13 0 comentarios
Etiquetas: Diario
Miedo y Asco en Dublín
Ieja, lectores y lectoras del blog, de vuelta de la Isla Esmeralda (Irlanda o Eire para los amigos).
Señor Zigor (al que desde ahora llamaremos Z) y servidor nos encaminamos al aeropuerto en medio de elucubraciones, reflexiones del viaje, música de los Ramones por mi parte y de Coldplay por la suya, dándole vueltas a algunos detalles del viaje, haciendo tiempo a 100 kilómetros por hora por la carretera del litoral.
Saliendo el Sol subimos al avión y, ante mis fallidos intentos de dormir un poco y coger fuerzas para el viaje, finalmente me uní al estudio de Z de la guía de Irlanda y empezamos a hacer boca para todo lo que nos esperaba.
Una vez desembarcados y viajando hasta la capital, no hacíamos más que fascinarnos ante el hecho de que su sentido de conducción sea el contrario, lo cual es mucho más impactante en persona que en la imaginación de cada uno.
Antes de cumplir los 20 segundos de haber bajado en la capital, Dublín, la ley de Murphy se hace patente una vez más, y oímos, contra todo pronóstico, que alguien estaba llamando al señor Z.
Compañeros de trabajo, ni más ni menos, aprovechando los últimos días de una estancia de un mes a lo largo y ancho de la isla. Manda huevos que sea la primera gente con la que hablamos en Irlanda.
Mochilas aparte, y con la guía en mano, empezamos a familiarizarnos con nuestro entorno inmediato, con el río, con el Temple Bar y sus recovecos, algunos sitios para comer y referencias a la hora de distinguir las calles.
No haré un resumen día por día porque no tendría demasiada gracia, ya que en realidad no respondíamos a ningún horario por una parte, y por la otra porque nuestra idea de alquilar un coche y movernos con libertad acabó en ese cajón al que van las ideas sin llevar a cabo, acumulando polvo y humedad, y donde se cuentan las unas a las otras cómo van las cosas.
Es decir, que exprimimos la ciudad al máximo.
Todos los días nos tomábamos unas buenas pintas y veíamos música en directo, y no sólo música folklórica sino también Rockabilly y hasta buscamos garitos de Jazz.
Los bares. Qué bares, señores, qué gentes y qué mujeres los pueblan sus interiores y sus cercanías, mother of god. Para empezar, en el Temple Bar en sí, un matrimonio canadiense (Terry y Kevin) con el que el señor Z entabló conversación y llevó a puntos de tinte político - Zeitgeist- con la esposa y servidor disfrutando del saber musical del marido, conocedor este aún siendo abogado de Derecho Internacional a TOOL, ni más ni menos, incluso a King Crimson. Siguiente bar, siguiente gente. Patrick, profesor de profesores en la Universidad de Dublín, maestro de varios idiomas y, ante todo, un hombre con sentido del humor. Ya no en un bar, sino en la cárcel de Kilmainham (a la que debería dedicarle una entrada para ella sola) charlo con Ruairi, joven irlandés amigo de Pink Floyd que nos hizo un suculento descuento por ver el parche de "The Wall" en mi chaqueta. Por último, y no por ello menos importante, Robert, dueño de una tienda de ropa de segunda mano (EAGER BEAVER, Crown Alley 17) el que nos animó a venir a trabajar a su país, a disfrutar de lo que nos encontremos en el camino y a acudir a él si finalmente decidíamos irnos a vivir a Irlanda. Señor Z se lo está planteando con absoluta seriedad, yo me planteo cambiarme en algunos sentidos, y tal vez puede que también en ese.
No puedo terminar la entrada sin antes mencionar los sitios más recomendables para mí de todo Dublín, siendo estos el Garden of Remembrance "En honor de todos aquellos que dieron su vida por la independencia de Irlanda", jardín curioso donde sentásemos a charlar durante unas 4 horas sin cuenta darnos ni siquiera importarnos, el Phoenix Park, el parque 2 veces parque, tan grande como el doble del Central Park de Nueva York, y además a las afueras, lo que permite perderse (literalmente) en la absoluto inmensidad del cielo y en la pequeñez del ser humano. Puedo sonar exagerado o incluso fantástico, pero estando rodeado de césped, de un color verde tan intenso a la luz del Sol que hace entrecerrar los ojos de intensidad, cuando mires a donde mires sólo ves un inconmensurable desierto verde en todos los rincones del horizonte, cuando eres capaz de revolcarte por el césped por el puro placer de hacerlo y sentirte vivo y, mareado y aturdido, te ríes a mandíbula batiente como sabes que hacen los niños pequeños, los que de veras saben reír, entonces te sientes absolutamente perdido en lo gigante del universo. Y otro bar, para terminar, el MEZZ, sala de rock y buena música en directo a la que acudimos en más de una ocasión, totalmente obligada visita.
Curiosidades hubieron muchas, pero resumámoslo en que en el St. Stephen's Park, además de un busto de James Joyce, podréis encontrar la típica caseta abierta de parque americano (no americano, más bien típicamente americano) en la que hay gente a raudales, vestidos de gala, bailando Jazz clásico y tomando té y galletas. Otra de ellas fue cuando, borrachos, Señor Z y yo pasamos por el puente O'Hapenny, llamado así porque el impuesto de paso era de medio penique en su día, y al ir a dejar una moneda de cincuenta céntimos en dicho puente, Señor servidor la tiró con fuerza al río, para que siempre se mantuviera mi impuesto pagado, tal y como si fuera el pago al barquero en la Laguna Estigia. La última curiosidad son los ojos de algunas dublinesas, según señor Z: "De un azul acero que es capaz de atravesarte el alma, pero no sólo a ti, sino también a los 5 tipos que tengas detrás".
Cargo fuego en los ojos como Drew Barrimore, dice Elphomega.
Volveremos, Irlanda.
Y esto es una amenaza en toda regla.
[Feliz como hacía mucho que no me sentía.]
Publicado por Frank B. Parkinson en 19:37 1 comentarios
United states of Parko.
Estoy leyendo "Los hombres que no amaban a las mujeres" Dios sabrá porqué.
Ahora mismo estoy escuchando Metallica en el Iphone lo suficientemente fuerte como para no oírme pensar más de lo justo para escribir.
Ahí tenéis a Simón, otra vez.
Nivel de concentración, máximo. Nivel de puntualidad del tren, inexistente.
Lanzo mi odio hacia todas partes, proyecto rencor, animadversión y agresividad en mis gestos, dejes y miradas. Es realmente agotador, de verdad. No puede uno cruzar la calle sin que intenten subírsele a la puta chepa.
Me voy a cagar en todos vuestros dioses y familiares, malditos cerdos conformistas. Títeres. Muñecos cuyos hilos penden del miedo al cambio, para bien o para mal. Tal y como está todo, la cosa funciona, no hay ningún motivo por el que tenga que mover un dedo, ellos dirán.
Pues tenéis razón. No valéis lo suficiente para hacer que alguien se preocupe por vuestra situación, y yo que descubro esto me dedico a odiaros. A ver si con eso logro hacer reaccionar a alguno, o al menos entro en una batalla (dialéctica o no) con la que pasar el rato y hacer que, por un momento, vuestra realidad sea algo de veras real para vosotros. Con un poco de suerte conseguiré sacaros a alguno de vuestro sueño, aunque ya sé de entrada que volveréis a dormiros, que El Gran Hermano volverá a arroparos con sus cuentos, sus sandeces, sus historias, sus puntos hacia los que lleva vuestra atención y os encierra.
Un anillo para dominarlos y atarlos a todos a las tinieblas.
Hoy día la tele cumple esa función con creces, Hitler o el Señor Oscuro Sauron deberían plantearse condecorarla, a fin de cuentas, entre ella y la predisposición natural de las personas a compartir secretos a voces se está haciendo todo el trabajo sucio, mientras se parten de risa mirando los shares de audiencia de programas como "Sálvame". Curiosa dualidad, que el programa aboga por la salvación cuando está hundiendo la mente y el intelecto de buena parte de la nación.
Os haré despertar, a base de pintadas, en vuestra cara si es necesario, tendréis un momento de duda, la realidad habrá entrado en vuestro campo de interés, habrá un elemento impredecible que os moleste y os lleve a la frustación, aun siendo sólo un instante, seréis humanos.
Animales humanos, que diría Bart.
Los animales tienen más honor que nosotros, con una diferencia abrumadora...
No sé qué mierda estoy escribiendo.
Hace tiempo que no distingo las diferencias entre Simón y yo. En su día lo tenía muy claro, pero ha llegado el momento en el que el Parko, Frank B. Parkinson, Simón y yo mismo somos la misma persona. United states of Parko, dirían algunos.
Todo lo que piensa Simón es parte o todo de mi pensamiento. No puedo separarnos,y cuando creo conseguirlo descubro que hace tiempo que son parte de mí mismo a un nivel demasiado profundo. De mismo modo que Eddie Brock, Venom y Anti-venom.
Lee esto y ahora explícame porqué no soy capaz de escribir una historia medianamente decente para el cursillo de Relato. Porqué mierda se me juntan las palabras y se agolpan en las yemas de mis dedos cuando quiero escribir, cómo coño es posible que los ojos se inyecten en sangre por el estrés y la angustia de verlo, no saber cambiarlo, no estar a gusto con el resultado y no poder borrarlo.
Dime porqué cuando estoy peor es cuando mejor me siento.
Porqué cuando estoy al borde del abismo todo esto se me hace tan fácil como un ejército de acechadores en la sombra, a punto de hacer frente a un ataque de tipo KEKEKEKE.
Y ahora me explicas, si puedes, porqué sigo, como puede leerse en "Fahrenheit 451", por ahí haciendo una cosa y sintiendo otra.
Porqué me odio tanto y me castigo con tantas ganas.
Cuál es el objetivo de haber estado tanto tiempo partiéndome el hígado y el esófago al día siguiente. Qué puede esperarse de mí.
Ten valor y respóndeme algo de eso.
Ostia puta...
Odio los domingos más que los lunes.
Putos domingos. Te levantas a las mil, te enchufas al ordenador a las primeras de cambio y estás deseando desconectar de todo lo demás. Te haces un colacao o un cortado, investigas qué mierdas vas a explorar hoy en Internet, cómo vas a hacer tiempo hasta la hora de salir y tomar al aire, porque odias los domingos, y más si te quedas en casa. Son las 11 pasadas, en unas 7 horas tengo que levantarme para irme a trabajar, y estoy planteando irme a correr otra vez, a ver si centrando mi mente en algo como la música altísima y el dejarme llevar, corriendo, sin rumbo, puedo llegar a alguna parte. Curioso planteamiento. Tengo un nudo en la garganta, una inquietud que no me deja pensar con claridad. Estoy... a la espera, beady eye, que dicen los genteman. ¿De qué? Es una buena pregunta. Cada vez, además, hago cosas más raras. El viernes fui (atentos) a la presentación de un libro. Pobre Sandra que le tomé el pelo para que me aocmpañara, y cuál fue mi sorpresa al ver que había sobre la tarima casi más gente que público en la sala. El libro se llama "Beatitud, visiones de la Beat Generation." y fue una pena que fuéramos tan pocos porque se notaba en el ambiente. No obstante, el conocer a los beats nos unía de alguna u otra manera, y saber de qué estábamos hablando nos otorgaba una confianza intangible y real. Ay, malditos Beats, quién se hubiera embarcado en un coche con Dean Moriarty al volante y Sal Paradise de copiloto, pasando noches con nuestro neumático delantero besando la línea divisoria de la carretera. Mierda, tío. Mierda, de verdad.
Foto: Sábado, 4AM Stencil de Kerouac.
Publicado por Frank B. Parkinson en 23:19 2 comentarios
Etiquetas: Diario
Seguidores
Creative Commons

Blog por Ferran Bals Moreno se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported.
